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Cuestiones existenciales

Olvídate del origen del universo, yo sigo sin saber a ciencia cierta a dónde se va toda la mierda al jalarle al escusado.

Un día en Buenos Aires

La abundancia de billetes que al final compran muy poco. La variedad de alfajores en los kioscos. El olor a incienso que se mezcla con el del asado, y que todavía hay más variedad que de alfajores, de incienso digo, porque de cortes tampoco hay tanta.

Al menos eso es lo que ví, en un día en Buenos Aires.

Desde afuera

Eran el uno para el otro, pero ni el uno, ni el otro, querían estar juntos.

Buenísima idea

Era una idea tan buena, pero tan buena, que nunca se atrevió ni siquiera a escribirla. El riesgo de que sus palabras no estuvieran a la altura, era mayor, al de que simplemente nunca hubiera existido.

Y con las mujeres ni te cuento.

Ofrenda

Se estaba mordiendo un poca la uña y cuando la vio pasar, se la arrancó con todo y dedo. Y siguiendo los pasos de Vincent van Gogh, se la ofreció como evidencia irrefutable de su amor.

Métodos mágicos

El día que el conejo no fue a trabajar, dejó en completo ridículo al mago.

La magia, aunque es mística y atractiva, está muy bien hasta que te falla el truco. La otra forma de hacer algo recurrentemente bien, es con métodos y procesos.

Es casi igual al final

Ser niño se trata, en buena parte: de aprender a aburrirte.

Ser adulto: de aprender a frustrarte.

Los dos sin volverte loco en el intento.

En el primero sin que te corran de la escuela, en el segundo: de la relación o del trabajo.

¿Lo de siempre?

Da gusto que ya te conozcan en el bar.

Pero también un poco de tristeza; esa falta de variedad en la vida.

Tentaciones

Cuando finalmente me dispongo a escribir algo, tengo que sujetar la mano contra el papel (figurativamente, claro, estoy escribiendo en un teclado) como si quisiera ponerle una camisa de fuerza (figurativa, también), porque siempre intenta escaparse a ver que hay de nuevo en el refri (nada), o a ajustar la temperatura del calentador (ya estaba bien), o a colgar la camisa que dejé tirada en el piso (siempre la dejo), o a servirme otro Bloody Mary (tres ya son muchos).

Manteniéndolo confidencial

No le digas a nadie. Me dijeron.

No le digas a nadie. Le dije.

No le digas a nadie. Le dijo.

Eso sí, cuando se enteró, le pidieron que por favor no le dijera a nadie que ya sabía.