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Es casi igual al final

Ser niño se trata, en buena parte: de aprender a aburrirte.

Ser adulto: de aprender a frustrarte.

Los dos sin volverte loco en el intento.

En el primero sin que te corran de la escuela, en el segundo: de la relación o del trabajo.

¿Lo de siempre?

Da gusto que ya te conozcan en el bar.

Pero también un poco de tristeza; esa falta de variedad en la vida.

Tentaciones

Cuando finalmente me dispongo a escribir algo, tengo que sujetar la mano contra el papel (figurativamente, claro, estoy escribiendo en un teclado) como si quisiera ponerle una camisa de fuerza (figurativa, también), porque siempre intenta escaparse a ver que hay de nuevo en el refri (nada), o a ajustar la temperatura del calentador (ya estaba bien), o a colgar la camisa que dejé tirada en el piso (siempre la dejo), o a servirme otro Bloody Mary (tres ya son muchos).

Manteniéndolo confidencial

No le digas a nadie. Me dijeron.

No le digas a nadie. Le dije.

No le digas a nadie. Le dijo.

Eso sí, cuando se enteró, le pidieron que por favor no le dijera a nadie que ya sabía.

Aviso a los ciudadanos

Dar brinquitos mientras esperas el semáforo solo está permitido cuando llevas ropa deportiva.

Acostarse en la calle con un mensaje en un pedazo de cartón solo está permitido cuando llevas ropa vieja, de preferencia rota.

Pitarle a los coches como desesperado mientras mueves las manos de un lado a otro solo está permitido cuando llevas una camisa negra o azul marina, necesariamente con algún tipo de escudo en el pecho y antebrazos.

Chiste #1

—Oye Ma, ¿le pasa algo a un pollo si ya estaba congelado, lo descongelo, y luego lo vuelvo a congelar?
—No. Ya estaba muerto de todas formas.

Un pelo en la comida

Seguro que hemos comido cosas peores. Igual que todavía nadie ha muerto por el ataque de un ratón.

Caminos

El más corto.
El que ya conoces.
El que nunca has ido.

Y el que ni cuenta te das porque ibas contestando un WhatsApp.

De un mundo al otro

A veces, cuando tengo el iPhone en la mano, me llega un reflejo (ya instintivo) de buscarlo en la bolsa derecha del pantalón. Y cuando la encuentro vacía me doy cuenta que ya estaba tan dentro de ese mundo: el otro mundo, que ya también buscaba una salida.

El día en que vivamos completamente sumergidos ahí, ¿cuál será la distracción para escapar por un momento?

Tal vez buscar la bolsa del pantalón, para ver si sigue ahí.

La creatividad y el café

El segundo aparenta, por momentos, que incrementa a la primera.

Pero luego, cuando termina el viaje y veo los resultados, me doy cuenta que lo único que incrementó fue mi percepción sobre su importancia.

Así que hoy: descafeinado por favor.